Pinturas

«DESDE LA VENTANA»

Desde la Ventana es un proyecto pictórico en donde predomina la representación de la figura humana inserta en situaciones cotidianas, tanto en interiores como en espacios abiertos, abordando una introspección sobre la ausencia de épica y heroísmo en cada escena. Estas características sitúan a los personajes en un estado de contemplación, quietud y silencio.



«IDENTIDAD TRANSFIGURADA»

Obra compuesta por una serie de retratos que representan un cambio de género en la persona retratada. El conjunto muestra una ambigüedad sexual de un grupo de personas comunes y corrientes, quienes al ser trocadas, metamorfoseadas en su apariencia, juegan con lo superfluo, con la máscara social, para inmiscuirse en asuntos reflexivos, que giran en torno al carácter representativo de las personas, creando una expectativa de ficción lúdica.



«PLAYAS Y PISCINAS»



«BIENAL DE ARTE Y SEXO»



«URBANO»



«UMBRALES»
Escenas cotidianas cuyo catalizador es la intimidad de las personas, situaciones que detienen el tiempo o dejan entrever sucesos que nunca se muestran del todo, es el ánimo de las pinturas que representa Valeria Salinas (1987), en donde el silencio y la quietud se dan por antonomasia, porque lo fundamental ahora es lo expuesto y no lo oculto.
Expuesto en el sentido literal de la palabra, ya que las mujeres que aparecen aquí retratadas, se abren, se exponen y manifiestan una sinceridad. El cuerpo femenino adquiere aquí una connotación simbólica, invitando al espectador a mirarse, a observarse, a detenerse por un instante en la contemplación de un tiempo que aparenta ser infinito.
Estas mujeres pareciera que estuvieran ahí por alguna razón, como si hubiesen optado por hacer un paréntesis, por alejarse del ruido, del frenesí del acontecimiento. Sus cuerpos están en una actitud de reposo, de comodidad, nunca se les ve tensas o incómodas. Todo lo contrario, están distendidas, apropiadas de su lugar, imbuidas de una calidez que las contiene, con atuendos que no las oprimen ni las ocultan. La pulcritud de las paredes, la ‘no’ ornamentación de las escenas, el uso de una composición sintética y esquematizada, permiten darle amplitud y profundidad al estado en que ellas se encuentran, evidenciando la capacidad de respirar que tienen las habitaciones retratadas.
La claridad que penetra e ilumina estas habitaciones, no solo las llenan de luz, sino que amplían aún más su resonancia en lo más íntimo, que se trasluce sin miramientos, como un ventanal que se abre. La sensación de ahogo, de agobio del mundo contemporáneo quedan anuladas ante la placidez de esos cuerpos, que se instalan libres en el espacio vacío.
La presente serie pictórica viene a reflexionar sobre la relación entre el cuerpo y los espacios que los contienen, entendiendo estos espacios como reflejos o espejos del alma, o como demarcaciones o fronteras que delimitan estados internos. Para esto la
artista Valeria Salinas nos propone una pincelada cuyo componente principal es la luz, la luz nos entrega la posibilidad de elevarnos, de acercarnos a ese umbral, a esa puerta que se abre, a ese amanecer, la necesidad de traspasar algo; ir más allá de lo posible.